Detalles del proyecto
Descripción
Como advirtió el papa Francisco en su Encíclica Laudato Sí, vivimos en un periodo de cambio climático acelerado por las emisiones de gases de efecto invernadero y que supera la capacidad de adaptación de las especies del planeta. Como también lo señala el papa, además de esas emisiones propias de la era industrial que exacerban el cambio climático, existen otros factores vinculados a las actividades agrícolas que, mediante prácticas como la deforestación o el monocultivo, aumentan las emisiones y disminuyen la captura de carbono; además, como puntualiza en el numeral 23 de su encíclica, también se agregan a la ecuación factores físicos como el vulcanismo, las variaciones de la órbita y el eje terrestre o los ciclos solares (Papa Francisco, 2015). Justamente por esta razón, la climatología histórica se ha interesado por los cambios climáticos en periodos preindustriales, no solo por la incidencia de esos factores geológicos y astronómicos, sino por la posible incidencia antrópica en el cambio ambiental desde la aparición de la agricultura en el planeta (Ruddiman, 2003, 2005). La investigación que aquí se propone corresponde a un periodo de condiciones opuestas a las actuales, comprendido entre los siglos XV y XIX, conocido como Pequeña Edad de Hielo (PEH) (Grove, 1988; Le Roy Ladurie, 2017). En este lapso, los glaciares avanzaron hacia menores latitudes y altitudes, muchos inviernos fueron severos y prolongados, los veranos solían ser fríos y lluviosos y, en las regiones donde las estaciones térmicas no se presentan, la población se vio aquejada por extremos de temperatura y precipitaciones. Algunos momentos fueron más críticos que otros, tanto por la intensidad y frecuencia de los fenómenos, como por la falta de preparación de las sociedades. Tal fue el caso de los periodos mínimos en las manchas solares conocidos como Maunder (1645-1715) y Dalton (1790-1830), que en los dominios hispánicos, coincidieron con guerras, levantamientos y crisis económicas que limitaban la respuesta social frente a la escasez y el hambre (Parker, 2013). Como lo han insinuado dos recientes compilaciones sobre la PEH en diversos puntos del imperio español, las respuestas a las crisis sociales relacionadas con presiones hidrometeorológicas pudieron ser similares, sobre todo en el marco de las reformas borbónicas que buscaban impulsar la agricultura y la infraestructura de caminos (Arrioja & Alberola Romá, 2016; Luque & Petit-Breuhil, 2022). No obstante, estos estudios no cruzaron sus conclusiones y las conexiones quedaron como tarea pendiente. Por otra parte, la investigación “El Antropoceno como crisis múltiple. Perspectivas desde América Latina”, liderada por el Centro María Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados (CALAS), y en la cual participó la proponente principal de este proyecto, buscó fortalecer los estudios comparativos sobre crisis y respuestas relacionadas con el clima en los últimos 500 años y de allí salió una publicación actualmente en prensa (Rohland et al., 2025). La regionalización propuesta (Mesoamérica, Gran Caribe, Andes, Cuenca amazónica y Cono Sur) superó los tradicionales límites político-administrativos que han dificultado los estudios sobre problemas que obedecen a otras lógicas. Sin embargo, los límites espaciales establecidos combinaron criterios políticos y físicos y, por esta razón, los Andes chilenos y argentinos quedaron por fuera del ejercicio comparativo con el resto de la cordillera. Frente a este vacío, pero con una base preliminar de comparación entre algunos reinos de las Indias Occidentales durante la PEH, esta investigación busca responder la pregunta: ¿Cuáles fueron los rasgos de los sistemas agropecuarios en los Andes septentrionales y meridionales que afectaron la capacidad de respuesta e incrementaron la vulnerabilidad frente a las presiones hidrometeorológicas y climáticas entre los siglos XVI y XIX y en el marco de la Pequeña Edad de Hielo? Entendemos por Andes septentrionales los territorios cordilleranos que conformaron el Nuevo Reino de Granada y que, desde el siglo XIX, formaron parte de Colombia en todas sus denominaciones republicanas. Los Andes meridionales corresponden al área cordillerana del territorio del reino y, posteriormente, república, de Chile. Se trata de dos áreas que estuvieron bajo dominio hispano y fueron consideradas marginales con respecto a los territorios de México o Perú, y en donde las estructuras coloniales, que no desaparecieron de forma inmediata después de la independencia, condicionaron las respuestas a eventos climáticos y la vulnerabilidad socioecológica. Esta condición permite una perspectiva comparada de sus prácticas productivas agropecuarias. Adicionalmente, se trata de dos regiones que forman parte de la cuenca pacífica y experimentan la influencia directa del fenómeno de variabilidad climática interanual El Niño/Oscilación del Sur (ENOS). La periodización corresponde a la disponibilidad documental en América para la reconstrucción de la PEH, esencialmente basada en datos cualitativos e indirectos, e incluye los momentos más críticos de este periodo convulso, con la posibilidad de contrastar las respuestas a las crisis bajo dominio de los Austrias, los Borbones y las primeras décadas de vida republicana, y entre territorios con y sin estaciones térmicas. Si bien se incluye el siglo XIX hasta la década de 1880, que era ya de vida independiente, no se tiene en cuenta el hito político porque, de un lado, el paso a un sistema republicano no implicó un cambio en los sistemas agropecuarios que solo vendrían a transformarse a finales del siglo XIX o incluso a lo largo del siglo XX; de otro lado, porque desde el análisis climático se requieren periodizaciones en clave de larga duración y, en este caso, el corte en las independencias impide cubrir el mínimo de Dalton, el fin de la PEH y los ENOS muy fuertes de 1868, 1877 o 1887-88 que se relacionaron con crisis de subsistencia en América Latina (Camus & Jaksic, 2021; Davis, 2006). Como hipótesis, se plantea que las mayores crisis se presentaron durante el mínimo de Dalton en un momento de conmociones políticas, pero también de implementación de ideas fisiócratas para impulsar la agricultura que llevaron a registrar sistemáticamente los “temporales”, superar las explicaciones providencialistas de los fenómenos hidrometeorológicos y hacer obras de drenaje y riego. Aunque la dimensión de las crisis pudo variar según contextos biofísicos y sociales específicos, como los climas locales o las actividades económicas, la mayoría de las estrategias fueron comunes debido a la circulación de personas e ideas, la imposición paulatina de la visión de los gobernantes sobre el agua y la agricultura, una religión común que permitía organizar el calendario agrícola y tomar medidas reactivas como las rogativas. Más allá de las cuestiones directamente relacionadas con el clima, esta investigación pretende aportar a la comprensión de otras expresiones del cambio ambiental global. Entre estas, la demanda de agua que supera la oferta y la extinción de aves, insectos, hongos y diversos microorganismos que forman parte de la biodiversidad y que son indispensables para la agricultura, pero, paradójicamente, relacionada con el uso de agrotóxicos (Papa Francisco, 2015, Números 28 y 34). En ese sentido, un estudio que evalúe las formas de producir preindustriales, que nos hable de otras formas para reponer la fertilidad del suelo, enfrentar las plagas o aprovechar el agua, sería de utilidad para quienes quieran optar por la agroecología y quieran ir más allá de aquello que la historia oral y la memoria permiten conservar. Por esta razón, este proyecto también busca evaluar esas prácticas preindustriales con la experiencia reciente del Instituto Mayor campesino (Buga, Valle del Cauca), obra de la Compañía de Jesús, que desde la década de 1960 ha sido pionera en cuestiones cruciales para la adaptación al cambio climático como la agroecología, soberanía alimentaria y la defensa del agua. Desde la visión de quienes día a día trabajan con la tierra, se pretende dar otra lectura a las fuentes históricas y reflexionar sobre su utilidad para problemas actuales. Con esta propuesta nos sumamos al llamado del papa Francisco que interpela a las ciencias sociales y las humanidades en la comprensión y la búsqueda de salidas a la crisis ambiental global. De un lado, en el capítulo 4 de su Encíclica, enfatiza que, para una ecología integral, se debe entender el medio ambiente como la relación entre sociedad-naturaleza y los problemas ambientales como problemas sociales. Igualmente, resalta que “hace falta incorporar la historia, la cultura y la arquitectura de un lugar, manteniendo su identidad original. Por eso, la ecología también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad en su sentido más amplio. De manera más directa, reclama prestar atención a las culturas locales a la hora de analizar cuestiones relacionadas con el medio ambiente”. Y añade: “Las soluciones meramente técnicas corren el riesgo de atender a síntomas que no responden a las problemáticas más profundas. Hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social supone un proceso histórico dentro de un contexto cultural y requiere del continuado protagonismo de los actores sociales locales desde su propia cultura” (Papa Francisco, 2015, Números 143, 144). Una vía para replantear nuestra relación con los ecosistemas pasa justamente por comprender los problemas en clave de larga duración y reconstruir las experiencias de otros seres humanos frente a experiencias retadoras como las que actualmente enfrentamos.
| Estado | No iniciado |
|---|---|
| Fecha de inicio/Fecha fin | 16/02/26 → 12/08/27 |
Palabras clave
- Adaptacion
- Agricultura
- Cambio climático
- Chile
- Clima
- Colombia
- Ganaderia
- Historia climática
- Periodo colonial
- Variabilidad climatica
- Vulnerabilidad
Estado del Proyecto
- Pendiente Inicio
Financiación de proyectos
- Interna
- Pontificia Universidad Javeriana