Abstract
Un jugador de ajedrez puede conducir tres partidas al tiempo, sin mirar los
tableros donde enfrenta a sus rivales. ¿Cómo logra tener presente el estado de
cada partida sin ver el tablero? ¿Tiene de cada tablero una «imagen» visual in-
terior a la manera de un espejo? Una cosa es clara: el jugador no posee, según
Henry Bergson, una suerte de imagen especular; antes bien, las partidas parecen
exigir de él “un esfuerzo de reconstrucción” en cada instante (ES, pp. 889-890).
¿De qué naturaleza es la representación que el jugador tiene presente? ¿Por qué
hablar aquí de «esfuerzo»? –porque, al parecer, la representación no es algo que
se encuentre detenido, sino que, constantemente, el jugador debe realizar un tra-
bajo de reconstrucción de esta.
tableros donde enfrenta a sus rivales. ¿Cómo logra tener presente el estado de
cada partida sin ver el tablero? ¿Tiene de cada tablero una «imagen» visual in-
terior a la manera de un espejo? Una cosa es clara: el jugador no posee, según
Henry Bergson, una suerte de imagen especular; antes bien, las partidas parecen
exigir de él “un esfuerzo de reconstrucción” en cada instante (ES, pp. 889-890).
¿De qué naturaleza es la representación que el jugador tiene presente? ¿Por qué
hablar aquí de «esfuerzo»? –porque, al parecer, la representación no es algo que
se encuentre detenido, sino que, constantemente, el jugador debe realizar un tra-
bajo de reconstrucción de esta.
| Original language | Spanish |
|---|---|
| Pages (from-to) | 289-306 |
| Journal | Universitas Philosophica |
| Volume | 32 |
| Issue number | 65 |
| DOIs | |
| State | Published - 03 Dec 2015 |
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