Artículo publicado en el diario El Heraldo de Barranquilla, con tres citaciones diectas:
Wilmar Roldán, profesor de Teología de la Universidad Javeriana, explicó que en este proceso se presentan dos valores esenciales para la Iglesia: el testimonio y la comunión.
“El primer valor es el testimonio. Desde sus inicios, la Iglesia ha reconocido que la fuerza de la santidad está centrada en el ejemplo de Jesús, el Hijo de Dios, quien enseñó el camino para alcanzar la plenitud en Dios. Carlo Acutis, desde su sencillez adolescente, se convierte en ese testigo que inspira a la comunidad creyente”.
El segundo valor, dijo, se encuentra en la comunión, entendida en dos dimensiones: la comunión con la Iglesia y la comunión con la Jerusalén celestial, es decir, con el cielo.
“Esa doble comunión entre el cielo y la tierra acerca al ser humano a su sentido profundo como criatura terrenal, pero con la capacidad de alcanzar la gracia total en Dios”, explicó Roldán.
Para el profesor, la canonización de Acutis también invita a pensar en la santidad vivida desde lo ordinario. Recordó una frase de la carta a los Efesios que resume este ideal: “Para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Ef 1,4).
Según el profesor Wilmar Roldán, teólogo de la Universidad Javeriana, este acontecimiento transmite mensajes principales. El primero es la conexión de la Iglesia con los jóvenes y sus búsquedas espirituales, en un tiempo marcado por el vacío existencial. “Es un signo de que todos, sin importar la edad, podemos acceder a la santidad”, explicó.
El segundo mensaje apunta a lo que el papa Francisco llamaba “la santidad de la puerta de al lado”: aquella que se vive en la cotidianidad, en los padres que crían a sus hijos con amor o en quienes trabajan día a día para sostener a sus familias. Acutis encarna ese ejemplo de un joven común que supo vivir su fe con entrega a los demás.
La santidad construida desde lo cotidiano.
Espriritalidad y valores del evangelio en la vida cotidiana.